
18 de mayo de 2026
Juanma Moreno se fue a dormir ayer con cincuenta y tres escaños. Anteayer tenía cincuenta y ocho. Los que le faltan para la mayoría absoluta están ahora en el bolsillo de José Ignacio García, conocido en los ambientes como El Gafa, candidato de Adelante Andalucía, un partido que hace un mandato tenía dos diputados y que hoy tiene ocho.
El PP andaluz ha dedicado estos cuatro años a fundar cátedras de andalucismo, a subir a la tribuna del Parlamento a señores que han explicado, más cerca de Omaíta que de Séneca en el estilo y fondo, que en Andalucía se habla una lengua de cuatro mil años, a instaurar el Día de la Bandera en una fecha que hasta anteayer solo conocían cuatro entusiastas con chaleco de cuadros, y a cultivar el victimismo regional con el esmero del viticultor que cuida sus mejores cepas. Pues bien: ayer vendimiaron, pero el vino se lo bebió otro.
Al nacionalismo no se le combate con otro nacionalismo. No es un pleito de lindes, no es una negociación entre comunidades de propietarios. Es algo más profundo, y si le dices que es superficial, te muerde. Pero antes del error clásico existe una variante aún más llamativa: creer que puedes fabricarlo en casa, en dosis controladas, y apagarlo cuando convenga. Creer que tienes entre manos un lagartito identitario decorativo, una figurita de una bailaora que queda mona en la repisa durante la campaña y luego se guarda en el cajón. Lo que tenías era un gólem. Y el gólem, como sabe cualquiera que conozca la tradición del rabino Loew de Praga, no distingue entre su creador y el resto del mundo cuando sale a caminar.
Mary Shelley lo contó antes y mejor: la criatura también tiene sus propios planes. Que Adelante Andalucía hable de soberanía entre ovaciones mientras cuadruplica escaños es la consecuencia lógica y directa de cuatro años de pienso nacionalista servido desde la Junta. El PP andaluz jugó a fabricar identidad regional en dosis controladas, convencido de que podría ecualizar el sentimiento a placer según la necesidad del momento. Lo que hay ahora en el Parlamento andaluz son ocho diputados que le recuerdan que los sentimientos no tienen dial de volumen y que siempre hay alguien que te va a ganar a campeón de la diferencia.
En Fantasía, Mickey Mouse aprende que el truco de los cubos de agua animados no tiene interruptor. Cuando vuelve el mago, el aprendiz está en medio del diluvio. Moreno lleva desde anoche buscando el interruptor.




