Sobre la eutanasia de Noelia Castillo

La vida ni es justa ni tiene sentido. Tampoco es injusta, sencillamente es. Y el sentido —esa construcción subjetiva que nos ayuda a levantarnos cada mañana— no deja de ser una ilusión necesaria para una especie como la nuestra, que necesita creer que todo va a alguna parte.

 

El caso de Noelia Castillo y su deseo de morir está llenando hoy titulares, televisiones y una entrevista inédita en la historia periodística de España. La vida de Noelia ha estado empapada por la crueldad. Yo defiendo su derecho a no seguir sufriendo. Y creo que el Estado seguiría fallándole —una vez más, después de haberlo hecho sistemáticamente— si ahora la obligara a vivir en ese sufrimiento crónico que quienes han evaluado su situación durante años califican como permanente.

 

Repasemos: sus padres tuvieron que ser sustituidos por una institución. Ya sin padres que la cuidaran, en el momento en que las instituciones del Estado debían protegerla, la violaron. Trató de suicidarse, el intento le provocó una paraplejia. Hubo otro intento, no sé si previo o posterior. Y una depresión larga, crónica, que según quienes la han evaluado —insisto: evaluado, no opinado desde la distancia— es permanente. Como su parálisis. Noelia tiene, según quienes han valorado su caso, paraplejia completa, gran dependencia para la vida diaria, dolor físico persistente y un sufrimiento físico y psíquico constante tras una lesión irreversible

 

Ahora quienes pretenden obligarla a vivir sufriendo se arrogan el derecho, a ojo de buen opinador y desde la distancia precisa —esa distancia que protege de la realidad—, sin haber conocido el caso durante los años en los que Noelia ha sufrido cada día, a decidir que debe seguir viviendo. Vivir sufriendo cada instante.

 

Leo una convocatoria a rezar por ella en las puertas del hospital donde se va a practicar la eutanasia. Me parece bien que la gente rece, faltaría más. Pero tengo entendido que los efectos supuestos de la oración no tienen una relación directa con la proximidad geográfica. Que la dejen ya en paz.

 

Nadie ha estado para ayudarla antes. Ni su familia, ni el Estado, ni quienes hoy —en su último día— se interesan súbitamente por el asunto. Ni yo. Ninguno hemos estado en el calvario que esta mujer ha vivido cada día en los últimos años. No tenemos ningún derecho a interferir y contrariar su voluntad de que la dejemos en paz. Quiere dejar de sufrir. Quiere morir sola. Que el ego, las creencias y el uso político de su muerte —si no puede evitarse— al menos no la molesten.

Nominada Aizpurúa: la banshee de ETA.

Todos los años los periodistas que cubren la información del Congreso nominan a diputados para diversos premios. Yo mismo estuve una vez nominado como diputado revelación y he estado en varias ocasiones en la cena y copas posteriores que se ofrecen. Es una cita simpática a la que suelen ir representantes de todos o casi todos los grupos políticos. Ahora han nominado a la diputada de Bildu, Merche Aizpurúa, en la categoría de mejor relación con la prensa. Sabemos que López de la Calle llevaba el diario Gara que dirigió Aizpurúa el día que los amigos de esta lo asesinaron. 8 periódicos quedaron en el suelo junto al cadáver del periodista asesinado.

Aizpurúa, que fue el brazo periodístico de ETA, está nominada por los periodistas por su relación con la prensa. Podrían estudiar su relación con el periodismo y la portada que exhibió el día que liberaron a Ortega Lara en el otro periódico que regentó, Egin, y que cierra este texto. Podrían escudriñar el modo en que convirtió un medio de comunicación en un punto de mira, señalando objetivos para ETA. Podrían ver el papel de banshee que jugaba su periódico. Podrían. Pero prefieren plegarse a quienes tienen la llave del poder y hacer una genuflexión ante los flamantes socios del Gobierno de España. No importa que las rodillas se apoyen en un charco de sangre.

Entrevista en Falsa Bandera

He hecho la entrevista más larga de toda mi trayectoria en el podcast Falsa Bandera. Es una conversación con Juan José Sánchez Oro a quien conozco por La Rosa de los Vientos donde hemos coincidido alguna vez. Preguntó lo que casi nadie pregunta y escucharéis cosas muy interesantes sobre las entrañas del trabajo en el Congreso de los diputados y el otro lado del reloj de la política.

Os dejo el enlace aquí.

Contra la censura

En pleno auge de la cultura de la cancelación (ese oxímoron contemporáneo) hay que defender la libertad no solo de crear sino de disfrutar de lo que uno quiera. Hoy es Picasso por “machista”, mañana puede ser el Siglo de Oro por “imperialista”, porque los tontos sin fronteras no se paran ante nada.

El desenmascarillador

Hace 3 semanas el PP y el PNV votaron en contra de suprimir la mascarilla obligatoria en interiores. El PNV me puso a caldo yendo al ataque personal por plantear la medida, llamándome populista y frívolo porque «ponía en riesgo la salud de las personas».

A pesar de la oposición de estos dos, la propuesta de Ciudadanos de suprimir la mascarilla obligatoria en interiores salió adelante. 3 semanas después, sin cambios significativos en el estado de la pandemia y con la medida ya ejecutada, los diputados que votaron que querían seguir llevando la mascarilla y que me atacaron por pedir su retirada han aparecido hoy en el Congreso. Adivinen cómo.

Vacunagate

Así es como se llamó el convenientemente olvidado escándalo de los altos cargos que se colaron en la vacunación contra la COVID-19 cuando morían los españoles por cientos cada día. En quellos momentos Sanidad con buen criterio estableció que se debían vacunar primero los más vulnerables ante la enfermedad. Las dosis escaseaban. Cuando comenzó la vacunación aparecieron en los medios de comunicación varios casos de políticos, sus familias ¡hasta amantes!, sindicalistas y otros altos cargos, que se habían vacunado sin esperar a que les tocara. En los días en que el escándalo llenaba portadas en el Congreso se acordó una Comisión de Investigación.

Esperaron perfectamente de acuerdo la mayoría de los partidos a que el tema se relajase por el paso del tiempo. Todos los partidos que tenían responsabilidades de Gobierno en aquel momento tuvieron a alguien implicado en este asunto. Todos menos uno: Ciudadanos. Cuando la comisión se constituyó acordaron que no se hablaría de este tema. Que ya no interesaba. Finalmente se llevaron las conclusiones de la surrealista Comisión de NO investigación al Pleno del Congreso. No sirvió de mucho, pero me quedé a gusto.