La querencia

Es terrible que hasta el Partido Popular haya ejecutado la danza del vientre con Junts (el enésimo Pokémon de Convergencia). Tres son los daños directos de esta tendencia:

  1. Da al PSOE un argumento estupendo para que ancha sea Castilla: «si hasta el PP lo intenta».
  2. Contribuye a la normalización como interlocutor de un partido presidido por un prófugo de la justicia española y consolida la querencia popular por los nacionalismos periféricos.
  3. Incide en el desasosiego de quienes queremos que traten los asuntos de España partidos que no quieran romperla.

Sobre el espectáculo de su desnortada estrategia de los últimos días mejor hacer pocos comentarios.

Prueba de estrés

Los artículos de Hitchens de los días 12 (en el Evening Standard) y 13 (en The Guardian) de septiembre de 2001 son la evidencia de que fue una de las mentes más claras, objetivas y necesarias del periodismo. Vio la construcción de una línea Maginot mental. Qué concepto tan preciso y profético de toda la era posterior.

El drama es que Occidente vaya en dirección contraria.

El graduado

(Mrs Robinson) Llevaba ya varios meses que leía poco, me cansaba, no sabía bien el porqué. Pensé que el exceso de actividades, algo de estrés o sencillamente la edad, hacían mella en mi capacidad de concentración e incluso en mi memoria. Me han graduado. Tengo gafas para leer. El mundo ha cambiado: me concentro y tengo memoria. Quién me iba a decir que a mis 44 iba a profesar una suerte de protestantismo: me he hecho presbiceriano. Tengo muchas semanas que recuperar.

(Lloroncillo)Tres son los autores vivos de los que leo novelas. Con la honrosa excepción de la ciencia ficción, de ahí leo con fruición joyas pasadas, presentes y (es el único género que lo admite) futuras. Pues bien, uno de ellos está entrando en barrena. Espero que la decadencia no sea multidisciplinar, que no afecte a sus libros venideros. Mientras esperamos la recomposición de quien fue capaz de escribir Sumisión, nos centraremos en Carrère y McCarthy.

(Chupetes para adultos) Una parte de la política española (y de los españoles) claman porque se les trate como a bebés, no se les hable de la verdad y defendamos que las pensiones las traen los Reyes Magos. Si eres esos eternos infantes, no veas esto.

Ed Wood

En 1994 el irregular director Tim Burton nos legó Ed Wood. Sin duda la mejor película de este realizador. En mi opinión el último gran clásico. No la vi en pantalla grande, fue mejor, conocí este título con quien se ha de conocer lo grande que es el cine: con Garci y en su programa de la Segunda Cadena de la, hoy maltrecha, Televisión Española.

Edward Davis Wood, en quien Burton basa su cinta, fue un director de cine neoyorquino. Entre sus títulos, los más famosos son Glen or Glenda, Bride of the Monster y la más mala y por ello la preferida por todos: Plan 9 from Outer Space.

Y es que Eddie es famoso porque, en los 70, fue elegido el peor director del cine de todos los tiempos y ese plan noveno interespacial, la peor película. Ni por asomo es así, hay directores y películas bastante peores que los trabajos de nuestro protagonista de hoy. Pero el jurado de los Golden Turkey Awards se fijó en él. Y existe una razón.

Cuando uno conoce la vida de Edward a través de la estupenda interpretación de Johnny Depp, se percata de que es un entusiasta que adora su trabajo. Quiere convertirse en el nuevo Orson Welles. Como el autor de Ciudadano Kane, escribe, produce, dirige y a veces protagoniza sus películas. Ambos sufren la incomprensión de la industria y los productores. Claro, el autor de Sed de mal por genial, el de Glen or Glenda por fatal.

El otro aspecto fundamental de la película, y lo que la hace ser una de las grandes, es la inclusión en la narración de la amistad que unió a nuestro hombre con Bela Lugosi, antigua estrella y ya en decadencia, víctima del star-system, olvidado, en una casa cochambrosa, morfinómano y abandonado por su enésima mujer. La férrea amistad entre ambos era inevitable. Como escribió Javier Marías en la crítica que hizo a Ed Wood en su momento, se trataba de un encuentro entre dos perdedores que no sólo saben que lo son de sí mismos, sino cada uno del otro, un fue y un no será.

Pero da igual: una de las escenas más bonitas de la historia del cine se produce cuando un Wood arruinado trata de ayudar a un Lugosi moribundo haciéndole creer que tiene un gran proyecto entre manos; rueda en la puerta de la casa del antaño vampiro las que serán las últimas escenas de un Bela que pocas horas después entrará en un ataúd con el atuendo del Conde, pero esta vez para no volver a salir jamás.

Pero Ed Wood rodó 18 películas contra viento y marea. Perdió a su prometida que le dejó por freak, fue el hazmerreir de Hollywood, se arruinó, murió Bela y se rehízo cada vez. No echó la culpa al resto del mundo ni lloró o explotó de ira. No se quejó, tenía claros sus objetivos. No culpó al mundo ni se enfrentó a los directores de éxito o rodeó los estudios con su estrafalario equipo de rodaje para gritar e insultar por su falta de comprensión.

Ed Wood era un hombre con un entusiasmo y una fe en sí mismo inquebrantables. Su sueño era ser director de cine y pasar a la historia por ello. Y así ha sido. Hoy en los expositores de las tiendas donde se venden películas, se encuentran las de Ed Wood. Y se venden. Yo mismo tengo las tres citadas. Muchos directores, peores y mejores, se perdieron en la niebla del tiempo y sus trabajos no volverán al gran público. Porque la pasión sin odios, el entusiasmo, el optimismo y no rendirse jamás, de un modo u otro, te pueden convertir en el mejor. Aunque sea el mejor-peor.

Aunque ni siquiera eso es cierto: porque esas imágenes que Ed Wood rodó de Lugosi a las puertas de su casa, son las mejores imágenes de un amigo a otro de toda la historia, son las mejores imágenes que encontraremos de la amistad.

Compartimentos estancos

Sigo avanzando en la obra de Hitchens. Sin duda lo que más valoro de él son las semblanzas que hace de personajes. Desde Churchill hasta JFK, de David Irving a Teresa de Calcuta, el ensayista británico brilla hasta deslumbrar. Soy incapaz de predecir lo que va a contarme de cada uno de estos perfiles. O la valoración que va a quedar al final del texto. Los trata uno a uno, una narración de hechos sin contaminar, que hace sentir muy cómodo al lector, pero sobre todo, y por esto le estaré tan agradecido: puedes relajarte en la lectura y confiar en él. Sabes que sus prejuicios nunca llegan a la punta de la pluma. Jamás dan forma a la tinta.

De las últimas semblanzas que he leído la que más me ha impresionado es la de JFK. La deconstrucción del clan Kennedy es implacable. No deja que la forma de morir dulcifique al resto del personaje. El texto es del tal impacto que lo he leído dos veces seguidas. Hitchens es capaz de anular mis prejuicios gracias a la total ausencia de los suyos. Y lo que es más importante: me está enseñando a desposeerme de ellos cuando de razonar se trata. Y creo que él lo aprendió de Orwell. Mi gratitud plena a Hitch.