Sin #nadaquecelebrar

Hoy cumple 43 años la Constitución de 1978. Nunca tengo que hacer cáculos en este día porque tenemos la misma edad. El hecho de que en el momento más populista y de mayor fuerza del nacionalismo en España, esté muy cuestionada, es prueba de la necesidad de protegerla.

Igual que en el 12 octubre, salen los del #nadaquecelebrar. Son personitas que confunden España con la derecha, a los aztecas con poetas y a Companys con un demócrata. La ignorancia es el mecanismo de defensa de un imaginario que no soportaría la luz de los hechos. Efectivamente, a ellos hay que dejarlos sin nada que celebrar. Su fiesta se paga con la libertad. Hay que aguarla.

Estos muchachos reivindican la Constitución del 31, como si no hubiera tenido los mismos enemigos que los que tiene hoy la del 78. Es lo que suele pasar cuando uno grita las cosas, pero no las lee.

El niño que miraba el mar

El sábado pasado habría sido el cumpleaños de mi abuelo Manuel. El padre de mi madre fue el mejor amigo que he tenido. No tengo derecho a quejarme, salvo que quiera enfadarme con nuestra mortalidad. No se fue pronto y lo vi mucho más de lo que la mayoría de los nietos ven a sus abuelos, tal vez por esa amistad a la que me refiero. Ya escribí sobre él. Murió hace 8 años, pero a determinadas edades ocurre constantemente eso de parece que fue ayer.

Como no soy perfectamente racional, aunque lo tenga como objetivo, me sorprendí repasando fotos viejas. Y aquí surge la razón de las líneas que escribo esta mañana: tuve una sensación por primera vez; viéndome en esas fotos a los 3 años quise advertirme de muchas cosas. ¿Qué le diría a ese niño? Iba a tener una vida peculiar que tal vez alguna vez me anime a escribir, pero habría llevado mejor algunos episodios que le quedaban por vivir de saber que las aguas suelen volver a su cauce. Varias veces iba a pensar equivocado que la vida es algo que te cae sin pedirlo y que hay que sobrellevar. Qué error. Ojalá hubiera podido decirle que nada es tan duro como parece. Que eso también pasará. Que tras los peores momentos llegarían los mejores. Que lo malo se recuerda menos que lo bueno. Que todo merece la pena. Que la felicidad son momentos, no un estado obligatorio, ni una meta. Que en todas partes cuecen habas. Viendo esas fotos, recordé la canción más bonita de Aute, y la que más me conmueve escrita en español: El niño que miraba el mar.

Lo de Elorza

Anteayer tuve un enfrentamiento parlamentario con Odón Elorza que ha tenido cierta repercusión. Fue durante el debate de presupuestos. En el capítulo de Presidencia y Memoria Democrática, vino el ministro Bolaños, que tiene el encargo de enmendar la Transición. Quieren hacer un simulacro de derogación de la Ley de Amnistía. Es un simulacro, porque la norma sancionadora, en este caso penal, nunca puede ser retroactiva. El debate, que es donde hago las declaraciones a las que respondió Elorza, es este:

Posteriormente, Elorza salió a pegarme, y para hacerlo más mediático ,a pegar a Vox y al PP, porque si metes a Vox en la ecuación, todo gana repercusión. Me reprochó que nombrase a víctimas de ETA. Él vivió ETA, cree que yo no, aunque se equivoque. Es cierto que no es lo mismo la visión de un adulto que la de un niño y adolescente. Su intervención es esta:

Una buena intervención, efectista. Como muchas otras cosas que hace Elorza, en materia de magistrados o en materia de dietas, aunque pasado el titular, vote a los magistrados y cobre las dietas. Él creía que yo ya no salía más a la tribuna, lo que no deja de ser lógico, porque llevaba ya varias intervenciones en el día. De hecho fue un día bastante intenso en cuanto a trabajo. Pero me quedaba la llegada de Alberto Garzón, yo soy portavoz de Sanidad, Cultura y Deportes, de Control de RTVE, pero para mal de Elorza, tambíen de Consumo. Y tenía que salir, tres horas despúes de la intervención de Odón, a debatir con mi paisano Garzón. Le guardé la última parte de mi intervención.

Y esto fue.

Las estrellas, su destino

Ha muerto un hombre al que no conocí, pero que hizo mucho y bueno por mí. Él fue Miquel Barceló, creador de la editorial Nova y gran divulgador del género literario Ciencia Ficción. Decenas de los títulos que he leído fueron siguiendo su magnífica Guía. Barceló apostó por el género en unos años en que era despreciado por la literatura elevada, solo Bradbury gozaba de alguna respetablidad. Pero Barceló ganó esa batalla. Hoy los lectores de CiFi podemos ir con la cabeza muy alta, pero también con el corazón encogido porque se ha ido uno de los nuestros.