Cayetanísima

Ayer terminé Políticamente Indeseable, el libro de Cayetana Álvarez de Toledo. Agradezco a la autora la oportunidad que nos ha brindado de leer el Fuego y cenizas español, porque es perfectamente comparable a la obra de Ignatieff, aunque las conclusiones de uno y otro sean diversas. Del canadiense la lección principal que extraigo es que en política nada es personal. De mi compañera en el Congreso, que en la lucha por la libertad, no se bajan los brazos. Aunque den ganas, por propios y ajenos. Entiendo que cada uno se fija en lo que necesita. Una suerte de sesgo de necesidad. Pero en ambos casos, es sabiduría práctica que sé que me va a acompañar todos los días.

Al principio me sorprendió lo bien escrito que estaba el libro, de lectura muy fluida y agradable, es un texto que se desliza y sobre el que no tienes que volver nunca a reinterpretar. Si vuelves es para fijar una idea o tratar de no olvidar una frase magnífica, que hay muchas. La sorpresa por la pericia como escritoria de Álvarez de Toledo no es porque tuviera una expectativa al respecto, sino porque hoy día es raro encontrarte con esa calidad en este género. A lo largo del libro te percatas del porqué escribe tan bien, es una mujer muy trabajadora. En consecuencia, es un libro muy cuidado y trabajado. Pero poco a poco, el hallazgo, es la constatación de encontrarte ante un ensayo político de calado, no unas memorias destinadas a decir únicamente cómos y porqués. Albergo una esperanza: que los políticos en activo que se han dedicado a poner a caldo a la autora en redes y medios de comunicación, al menos lo hayan leído. Porque es un libro cargado de principios, de valentía y de energía. Espero que las fobias no les impidan ver el bosque. Quien quiera centrarse en las criaturas orgánicas que deambulan por la narración, se pierde lo fundamental: es una llamada a la acción.

Cayetana es un valor político e intelectual que pervivirá en el tiempo. Otros se perderán como lágrimas en la lluvia.

Cayetana me ha hecho pensar mucho. Ya le tenía mucho respeto y simpatía – la conozco poco, pero tiene una virtud que aprecio mucho, y es que te hace sentir a gusto en su presencia, algo genérico en las personas bien educadas, formadas y que no te hacen pensar qué querra decir por la precisión de su lenguaje – pero tras este libro, una admiración que antes asomaba, ahora se consolida.

Sin #nadaquecelebrar

Hoy cumple 43 años la Constitución de 1978. Nunca tengo que hacer cáculos en este día porque tenemos la misma edad. El hecho de que en el momento más populista y de mayor fuerza del nacionalismo en España, esté muy cuestionada, es prueba de la necesidad de protegerla.

Igual que en el 12 octubre, salen los del #nadaquecelebrar. Son personitas que confunden España con la derecha, a los aztecas con poetas y a Companys con un demócrata. La ignorancia es el mecanismo de defensa de un imaginario que no soportaría la luz de los hechos. Efectivamente, a ellos hay que dejarlos sin nada que celebrar. Su fiesta se paga con la libertad. Hay que aguarla.

Estos muchachos reivindican la Constitución del 31, como si no hubiera tenido los mismos enemigos que los que tiene hoy la del 78. Es lo que suele pasar cuando uno grita las cosas, pero no las lee.