Stillwater es un tebeo de ciencia ficción con toques de terror sutiles muy recomendable. Habrá que ver cómo resuelve la situación el gran Scott Snyder , un grande del género terrorífico, que llegó a probar con Batman de forma magistral en el Tribunal de los búhos.
La premisa de partida es un pueblo en el que dentro de sus límites la gente no enferma, se cura de cualquier herida y ha dejado de morir. Llevan varias décadas manteniéndolo en secreto, pero la cosa se va tensando…
Es un prodigio comprobar cómo se lanzan a excusar el oxímoron de la nación plurinacional quienes de ser otro el emisor pedirían un auto de fe.
Van a tener que hacer pilates extremo para alcanzar las posturas contorsionistas que tendrán que adoptar quienes quieren camuflar las consecuencias del vaciado moral de un partido político. Tener que convencer a todos de que considerar que la moderación se mide en función de tu empatía con el nacionalismo, es altura de Estado, exige mucho. Y la operación será un bomba nuclear táctica para ciertas credibilidades.
Hay quien dice que con estos movimientos en el PP han abandonado la guerra cultural, pero no es cierto. Han cambiado de bando.
Ayer terminó la vida del ser vivo más bueno que he conocido: Minerva. He tenido la gran suerte de que sus plenos 14 años los pase conmigo. A pesar de esta fortuna estoy muy triste. Uno nunca se sacia de la amistad incondicional, del cariño infinito y de una mirada que mejoraba el peor de los días.
Prometo no ser egoísta mucho más tiempo estando triste por mi gran suerte. De toda la evolución, de toda la vida en la historia, Minerva me tocó a mí. Perdonadme por no poder evitar el dolor racionalmente injusto porque 14 años de amor y bondad absoluta son una gran dicha.
Se fue como vino, sin ruido, tranquila y mucho más preocupada por su familia que por ella misma.
Gracias, Minerva, por mucho más de lo que nunca he merecido.
Minerva es un miembro de mi familia, tiene 14 años, es una perra de aguas, tiene cáncer de estómago y va a morir en pocos días. Minerva es una perra excelente, su mayor cualidad es la bondad. Ni siquiera ha sido traviesa o algo gamberra. Siempre ha sido muy buena y tímida. En estos días, en los que se va apagando, sus ojos te siguen mirando con el profundo amor con el que te miran desde que con dos meses llegó a casa.
Hernán, mi hijo de 3 años, no conoce el mundo sin Minerva, sabe que está enferma y aunque no comprende la muerte, algo se huele. Intuye que esto se termina. Tengo a ambos a un metro y medio de distancia, y es la escena que veo la que me ha movido a escribir estas líneas. El niño abrazado a la perra hace largo rato, la perra besando al niño, algo que hará hasta su último minuto. Tengo delante de mis ojos la amistad más pura que he conocido. Es probable que ella con el paso del tiempo sea una leve nebulosa en la memoria del hombre en que se convertirá el niño, pero es seguro que la huella en el carácter y el amor por los animales que sentirá ya siempre, tendrán su origen en la suerte de haber llegado al mundo con un ser tan bueno y leal a su lado desde el primer día.
Y mientras llega el último momento el abrazo persiste.
La especie que más va a sufrir con el cambio climático es la nuestra. Primero porque sabemos que existimos. Segundo porque somos hoy la especie más llorona de la tierra y que menos preparada está para las privaciones. Las demás especies no se dan importancia y no saben que cambia el clima. Aparecen y desaparecen sin aspavientos.
Si una raza extraterrestre hiciera una medición global sobre qué especie es la dueña del planeta, las hormigas por permanencia y antigüedad, quedarían muy por encima del hombre. Lo aprendí de Bernard Werner. Seríamos un microparéntesis si nos esfumásemos.
Si de verdad hubiera un desastre climático en plan Roland Emmerich, algunas décadas después, las especies supervivientes si supieran brindar brindar, brindarían.
El llanto y la alarma actual no es por el planeta: es por el hombre. Y bien está.
Llevo ya algunos meses trabajando sobre la idea de La Verdad. La Verdad es la bola de demolición del populismo y del casi pleonasmo nacional-populismo.
Uno de los libros importantes que he leído en este tiempo es Plantar cara, de Steven Weinberg. En uno de sus textos, cuando defiende que nuestras creencias deben basarse en razonamientos objetivos, al margen de si nos hacen sentir bien o mal, o contra lo que otros como Baggini han denominado razonamiento motivado, el brillante Weinberg escribe:
A lo largo de la historia, la gente parece haber estado dispuesta a aceptar la autoridad al juzgar cuestiones de hecho, tanto la autoridad de los vivos, organizados en gobiernos o sectas, como la autoridad de los muertos, expresada en la tradición y en los escritos sagrados. No quiero decir que hayan cedido a la autoridad sólo en lo que dicen que creen (lo que se podría atribuir a una prudencia razonable), sino también en lo que creen. La novela de George Orwell 1984 proporciona una brillante descripción de cómo funciona esto. Su héroe, Winston Smith, había escrito que “la libertad es la libertad de decir que dos más dos son cuatro”. El inquisidor, O’Brien, toma esto como un desafío. Bajo tortura, Smith es fácilmente persuadido a decir que dos más dos son cinco, pero eso no es lo que O’Brien busca. A medida que aumenta el dolor, Smith desea tanto que la tortura pare que logra autoconvencerse durante un momento de que dos más dos podrían ser cinco. O’Brien está satisfecho y la tortura para durante un rato. La autoridad no opera normalmente con tal eficiencia, pero incluso cuando nos amenaza con dolores menores, éstos pueden tener durante toda una vida efectos impresionantes sobre lo que creemos.
Plantar cara, Steven Weinberg
Y entonces he empatizado con todos aquellos que hoy derrapan girando 180º. Una empatía mezclada con pena por la renuncia a ser libres.
Derrapan al ver venir a O’Brien o quien pueda serlo próximamente. Lo que era nacional-populismo hace meses ahora es perfectamente asumible, lo que era apuñalar por proponer acuerdos, es ahora política de Estado, lo que era será lo que precisen. Publicidad institucional.
Luego que si creen más al whatsapp reenviado. Por eso leo, creo y me felicito o flagelo por lo que escriba esa minoría libre, que al final son los que seguí siempre. Tiene una cosa buena, cada vez tardo menos en el repaso de la actualidad.
Hace 3 semanas el PP y el PNV votaron en contra de suprimir la mascarilla obligatoria en interiores. El PNV me puso a caldo yendo al ataque personal por plantear la medida, llamándome populista y frívolo porque «ponía en riesgo la salud de las personas».
A pesar de la oposición de estos dos, la propuesta de Ciudadanos de suprimir la mascarilla obligatoria en interiores salió adelante. 3 semanas después, sin cambios significativos en el estado de la pandemia y con la medida ya ejecutada, los diputados que votaron que querían seguir llevando la mascarilla y que me atacaron por pedir su retirada han aparecido hoy en el Congreso. Adivinen cómo.