Minerva

Ayer terminó la vida del ser vivo más bueno que he conocido: Minerva. He tenido la gran suerte de que sus plenos 14 años los pase conmigo. A pesar de esta fortuna estoy muy triste. Uno nunca se sacia de la amistad incondicional, del cariño infinito y de una mirada que mejoraba el peor de los días.

Prometo no ser egoísta mucho más tiempo estando triste por mi gran suerte. De toda la evolución, de toda la vida en la historia, Minerva me tocó a mí. Perdonadme por no poder evitar el dolor racionalmente injusto porque 14 años de amor y bondad absoluta son una gran dicha.

Se fue como vino, sin ruido, tranquila y mucho más preocupada por su familia que por ella misma.

Gracias, Minerva, por mucho más de lo que nunca he merecido.

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