El último besamanos

Hay dos formas de no tener que rendir cuentas ante la justicia española: ser inocente o ser nacionalista.

Jordi Pujol es el paradigma de la segunda vía.

Recordemos los méritos que se festejan. En 2014, Pujol confesó por escrito que llevaba treinta y tres años ocultando dinero en el extranjero de forma irregular. Treinta y tres años. A la familia Pujol le dio tiempo a siete hijos, varios imperios empresariales y un sistema de comisiones que habría merecido un capítulo en cualquier manual de franquicias mafiosas. La Madre Superiora, Marta Ferrusola, que ejerció de abadesa de todo ese convento durante décadas, tampoco ha pasado por caja.

En este país hay dos tipos de ciudadanos: los que están obligados a cumplir la ley y los políticos nacionalistas. Nuestra clase política merece hoy una felicitación. Han conseguido, con décadas de trabajo coordinado y discreción encomiable, que el patriarca dilate su paso por los tribunales hasta convertirlo en puro trámite burocrático. Los pactos de Felipe González le necesitaban. El Majestic de Aznar canonizó el rito. Nadie hizo la pregunta que debería haberse hecho desde el principio: ¿por qué os debemos algo? En España esa pregunta no se le hace a los nacionalistas. Es de mala educación. Preguntar por las causas o por la corrupción eran preguntas Contra Catalunya.

Solo un partido tuvo la ocurrencia de hacerlas: Ciudadanos. Nos fue como nos fue.

El resto es crónica de una rendición anunciada. Salvador Illa recibe a Pujol en la Generalitat con los honores de quien recupera a un maestro. Laporta lo sacó de la nevera para las elecciones del Barça, que en Cataluña son las únicas que de verdad importan. El juez que le ha hecho ir a la sala casi pidiendo perdón por hacerlo y explicando que solo quería ver si realmente ya no puede ser juzgado…Y Convergència, que muta de nombre más que los Pokémon a fuerza de corrupción, sigue ahí: CDC, PDeCat, Junts, lo que venga después. Cada transformación llega justo cuando el nombre anterior huele demasiado. La esencia es siempre la misma: el mismo negocio, los mismos clientes y los mismos dos grandes partidos nacionales esperando turno para ser recibidos.

Los tribunales han determinado que Pujol no tiene edad para ser juzgado. Tiene, en cambio, toda la edad del mundo para recibir homenajes. La distinción es reveladora: en España la senilidad es un impedimento para el banquillo y un mérito para la estatua. Porque el delincuente nacionalista no es un criminal que escapó a la justicia: es un arquetipo del héroe. Una figura que el sistema político español ha necesitado, protegido y finalmente canonizado.

No digan que no nos merecemos lo que nos pasa. Lo hemos elegido, o hemos elegido no impedirlo, que en democracia viene a ser exactamente lo mismo.

Federalísimos

El PSOE, en que la “s” es acrónimo de Sánchez y el resto es vacío, ha pactado la “soberanía fiscal” para Cataluña. Dice Sánchez que es un paso para la federalización de España. No cierto.

La federación tiene una premisa esencial: la igualdad. Por eso algunos que trataron de hacer comulgar con el oxímoron del federalismo asimétrico fracasaron. La federación es igualdad, exactamente lo contrario de lo que han pactado los socialistas y los secesionistas.

La soberanía fiscal es reconocer que por pisar un suelo determinado dentro de una misma nación, mereces ser tratado de forma diferente a los otros. Es cambiar la Ley y la Constitución por la Raza, el Territorio y la Lengua. Se trata de crear un paraíso fiscal – o un infierno, que ya se sabe cómo gestionan estos las cosas – por el influjo del musgo catalán.

Sánchez es una máquina de privilegiar: ya sea en su sociedad de gananciales, en la absolución de malversadores, en la banalización del golpismo o en la prevalencia del suelo sobre las personas.

Los muertos como atrezzo

24 horas han bastado para que el PSOE vuelva a homologar a Bildu como un aliado perfectamente democrático. El PSOE no ha tenido problema en defender a los de Otegi como socios progresistas para sus acuerdos en el Congreso, luego utilizar durante la campaña los vínculos de Bildu con ETA – el pleonasmo más disimulado de nuestro tiempo político – para ahora volver a las carantoñas con un partido que tiene más de una veintena de dirigentes condenados por terrorismo o vínculos con ETA.

Bildu es bueno cuando le conviene al PSOE en el Congreso o en Pamplona, malo cuando les conviene en campaña y bueno otra vez cuando las elecciones vascas ya han pasado. Esto sí es un uso de las víctimas de ETA a las que el PSOE ha tenido en boca los últimos 15 días. El lunes volvieron al baúl del atrezzo socialista. Igual que como atrezzo usó Sánchez los huesos del Valle de los Caídos, igual que atrezzo son todas las víctimas del franquismo, igual que usaron la momia del dictador como espantajo electoral. El PSOE de hoy es especialista en pintar sus pancartas con sangre ajena, sangre que cae por el desagüe en cuanto no conviene. Sangre que también es la de socialistas de ayer.

Sobre los 340.000 votantes de Bildu en estas elecciones: recuerdo perfectamente una entrevista de Ortúzar del PNV donde Alsina en que hablaba de la épica de Otegi. ¡La épica! ¿Qué épica aliña a Arnaldo Otegi? La del secuestro y el terrorismo. El PNV en este caso verbalizaba una terrible verdad: en el País Vasco haber estado en ETA es un reclamo electoral. Una parte importantísima de los vascos ha admirado a los terroristas, ha bendecido a los pistoleros que empuñaban el arma que ellos no se atrevían a amartillar, al que detonaba la bomba que ellos no tenían valor de activar. Y por eso los votan. El llamado “blanqueamiento” del PSOE homologando a Bildu como una fuerza política perfectamente democrática y progresista perfuma las conciencias, pero no las muta. Pero un territorio donde ya se ha ejecutado el éxodo de quienes no son nacionalistas, donde una encuesta de ETB solo plantea si ETA debería haber dejado las armas antes y nadie pone sobre la mesa que nunca tendría que haber existido, es un territorio habitado por una moral paralela. Una moral donde el asesinato tuvo su momento propicio para el 88,1% de los encuestados y en que solo se discute cuándo debió ser el último muerto, sin que la propia encuesta sea un escándalo. No hay que exonerar a los votantes de Bildu de su responsabilidad, no es la ingeniería social la que les lleva a votar terrorismo: es una moral especial donde el tiro en la nuca, las bombas y los cadáveres tuvieron su momento, una causa justa y algo habrían hecho los muertos.

La querencia

Es terrible que hasta el Partido Popular haya ejecutado la danza del vientre con Junts (el enésimo Pokémon de Convergencia). Tres son los daños directos de esta tendencia:

  1. Da al PSOE un argumento estupendo para que ancha sea Castilla: «si hasta el PP lo intenta».
  2. Contribuye a la normalización como interlocutor de un partido presidido por un prófugo de la justicia española y consolida la querencia popular por los nacionalismos periféricos.
  3. Incide en el desasosiego de quienes queremos que traten los asuntos de España partidos que no quieran romperla.

Sobre el espectáculo de su desnortada estrategia de los últimos días mejor hacer pocos comentarios.