El “fuera mona” a Delcy Rodríguez ha indignado a gran parte de la izquierda española. Comprendo el rechazo. Llamar mona a alguien es degradante.
Aunque, pensándolo bien, aceptar el insulto implicaría admitir que una mona ha tenido encarcelados, torturados y humillados a miles de seres humanos durante años. Lo cual, en términos de dignidad de la especie, nos deja bastante peor a nosotros que a ella.