Un primate menos


Ayer murió Desmond Morris. Tenía 98 años, lo que demuestra que el mono desnudo es, además de un animal curioso y neurótico, bastante resistente.

El mono desnudo fue el primer libro de ciencia que leí con algo parecido a la conmoción. Tendría diecisiete o dieciocho años, y la idea de que el ser humano no era una criatura aparte sino simplemente un primate con demasiadas pretensiones y escaso pelaje, me sacudió de una manera que no esperaba. No fue una revelación devastadora, pero sí el primer agujerito en el casco de cierto barco que navegaba sobre aguas muy poco científicas.


Morris no era Darwin. Tampoco Dawkins, ni Pinker, ni los que vendrían después y harían un trabajo más serio y más hondo en ese desmantelamiento saludable de la superstición. Pero fue el primero. Y los primeros tienen un mérito especial que no es proporcional a su importancia objetiva, sino a lo que encuentran cuando llaman a tu puerta. Yo leía mucho menos por aquel entonces, por no decir que me ceñía a novelas de Ciencia Ficción (y no de las mejores) y a mis queridos mutantes y hombres murciélago. Cogí el Mono desnudo de la nutrida estantería de mi padre. Lo tuve un tiempo decorando. Un día lo abrí, entró, y algo cambió.


Hay una escena, probablemente la única que me gusta de su lisérgico metraje, en 2001: Una odisea del espacio (del mismo año que el libro que vengo mencionando, 1967) en la que un homínido lanza un hueso al aire y ese hueso se convierte en una nave espacial. Kubrick comprimió en un corte de montaje toda la historia de la tecnología humana, sí, pero también algo más perturbador: la continuidad.

Somos el mismo animal que golpeaba con un hueso. Morris lo escribió sin metáforas cinematográficas, con prosa directa y accesible para un adolescente que llega tarde y viene de una cosmogonía supersticiosa. Morris fue un hombre que había pasado mucho tiempo observando primates llegando a la conclusión de que el más interesante de todos se afeita por las mañanas. En tiempos de Morris, claro, ahora la mayoría recortamos barbitas. En fin…


Que descanse. O que evolucione. Lo que prefiera.

Deja un comentario